“Nos dijeron que no miráramos el humo, pero el humo ya nos había mirado a nosotros primero”
“On nous a dit de ne pas regarder la fumée, mais la fumée nous avait déjà regardés avant nous”
Las voces de Chernóbil
El silencio industrial en Nobsa: ¿Un Chernóbil colombiano?
Nobsa, en Boyacá, parecía un pueblo detenido en una respiración antigua, con sus casas de teja y su viento frío bajando de las montañas como si trajera noticias de otros siglos. Pero había noches —decían los que aún se atrevían a escucharlas— en que el aire cambiaba de densidad y el silencio empezaba a hablar con voces que no pertenecían a ese valle.“El silencio después del estallido no era silencio: era una voz que aprendió a quedarse dentro de los huesos.”

Entonces llegaban los ecos de Chernóbil.
No como sonido directo, sino como una interferencia en la realidad, un murmullo que atravesaba el hierro, el cemento y la memoria de la tierra. Se decía que era la planta de cemento la que abría esa grieta invisible: una estructura gris, monumental, que durante el día escupía polvo blanco sobre los cerros y durante la noche parecía respirar como un animal cansado. Algunos aseguraban que su corazón industrial era tan inestable como una central nuclear, que su ruido era una forma de radiación sin nombre.
La condena histórica en París contra el grupo Holcim
“La moral ambiental europea termina donde empiezan sus intereses corporativos en el Sur Global.” En abril de 2026, un tribunal de París dictó una de las condenas más contundentes contra la filial del grupo Holcim, al declarar culpable a Lafarge por financiación del terrorismo debido a pagos realizados entre 2013 y 2014 a grupos armados en Siria, incluido el Estado Islámico; la justicia estableció que la empresa desembolsó varios millones de euros para mantener operativa una planta en medio del conflicto, imponiéndole una multa superior a los mil millones de euros y condenando a prisión a varios de sus exdirectivos, entre ellos Bruno Lafont, en un fallo que no solo sacude la estructura jurídica del conglomerado sino que reabre el debate sobre la responsabilidad real de las multinacionales europeas cuando sus operaciones en territorios en guerra entran en tensión con los principios que públicamente defienden.

Impacto en la salud pública: El cáncer como síntoma del desarrollo
La enfermedad no llega de golpe; se insinúa como una humedad lenta que se instala en el cuerpo sin pedir permiso. Primero es una tos leve, casi doméstica, que se confunde con el polvo del camino o con el aire seco de las mañanas; después, la fatiga se vuelve una compañía constante, una especie de peso invisible que se sienta en el pecho y no se levanta.
En los últimos días, el cuerpo deja de ser un territorio propio y se convierte en un campo sitiado: el aire entra como si pidiera permiso y aun así hiere, cada respiración es un esfuerzo que arrastra consigo un cansancio antiguo, acumulado como polvo en las paredes de la memoria. El dolor ya no tiene centro; se dispersa, se multiplica, cambia de forma sin aviso, como si aprendiera a sobrevivir dentro del organismo que lo contiene.

Control político en Boyacá: El papel de Jose Luis Bohórquez
El congresista electo Jose Luis Bohorquez ha señalado durante su campaña legislativa su intención de impulsar debates de control político en el Congreso de la República en torno a la operación de la industria cementera en Boyacá, incluyendo a Holcim, con el propósito de exigir explicaciones sobre los impactos ambientales asociados al coprocesamiento de residuos y la vigilancia de las autoridades competentes. En sus intervenciones públicas, ha planteado la necesidad de que estas empresas comparezcan ante el legislativo para responder por las denuncias comunitarias relacionadas con posibles afectaciones a la salud y al ambiente, en un contexto de creciente presión social y jurídica contra la multinacional Suiza.
Crónica de una resistencia: El movimiento Vive la Gente
Vive la Gente nació así: un movimiento que unió obreros, campesinos y líderes sociales, todos afectados por Holcim y la contaminación industrial. Cada reunión clandestina era un acto de coraje. Rafael, María del Carmen, Jorge y otros comenzaron a organizarse: marchas silenciosas, denuncias públicas, murales con mensajes de esperanza y rabia. Entre ellos, los jóvenes escuchaban mis consejos y aprendían que la palabra puede ser más peligrosa que un fusil, y más poderosa que cualquier amenaza.
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