Carlos Amaya, esmeraldas y política en BoyacáImagen relacionada con Carlos Amaya y el debate sobre los vínculos políticos y empresariales del negocio de las esmeraldas en Boyacá. Fotografía ilustrativa.

Audios divulgados por Noticias Caracol volvieron a poner el nombre del gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, en medio del complejo universo político y empresarial que rodea el negocio de las esmeraldas. Las grabaciones hablan de su cercanía con dos empresarios asesinados y contienen una acusación sobre un supuesto robo de esmeraldas valorado en $170.000 millones. A esa historia se suman sus antiguas relaciones políticas con Sandra Ortiz y su cercanía pública con Esteban Santos, hijo del expresidente Juan Manuel Santos y alto ejecutivo de uno de los principales grupos esmeralderos del país.

El negocio de las esmeraldas ha tenido durante décadas un peso económico y político extraordinario en Boyacá.

Ahora, una serie de grabaciones divulgadas en Colombia vuelve a poner bajo escrutinio la relación entre ese sector y la política regional.

Uno de los nombres que aparece es el de Carlos Amaya, gobernador de Boyacá.

Los audios, publicados por la Unidad Investigativa de Noticias Caracol el 30 de agosto de 2026, corresponden a una conversación sostenida en agosto de 2025 en la que participaron el esmeraldero Eduard Rincón, conocido como “Boyaco Sinaloa”, y Javier Grajales, durante una reunión con quienes entonces dirigían la Dirección Nacional de Inteligencia.

En la conversación se habla de dos hombres que durante años tuvieron peso dentro del sector: Juan Sebastián Aguilar, conocido como “Pedro Pechuga”, y Hernando Sánchez.

Ambos fueron asesinados por francotiradores en Bogotá con menos de un año de diferencia.

Y al describir sus conexiones políticas, los participantes mencionan directamente al gobernador de Boyacá.

Según las grabaciones, la relación de los dos empresarios con Amaya era estrecha y formaban parte de un mismo círculo de relaciones. Noticias Caracol señaló que buscó al gobernador para conocer su posición sobre esas afirmaciones, pero no obtuvo respuesta para la publicación de su investigación.

Los $170.000 millones en esmeraldas

La revelación más explosiva de los audios aparece cuando Eduard Rincón ofrece su propia versión sobre los asesinatos de Aguilar y Sánchez.

Según Rincón, detrás de los crímenes no habría inicialmente una disputa política, sino un conflicto por un supuesto robo de una producción de esmeraldas valorada en $170.000 millones.

Rincón acusó en la conversación a “Pedro Pechuga” y a Hernando Sánchez de haber retirado clandestinamente producción de una mina aprovechando, según su relato, que podían controlar y apagar el sistema de cámaras.

La versión no ha sido establecida judicialmente como un hecho probado y corresponde al testimonio de un antiguo socio.

Hay además una distinción fundamental: los audios no señalan a Carlos Amaya como responsable de ese supuesto robo.

Su nombre aparece por la relación que, según quienes participan en las grabaciones, mantenía con los empresarios mencionados.

Es esa cercanía —y no una participación demostrada en la desaparición de las esmeraldas— la que abre nuevos interrogantes sobre la relación entre política y minería en Boyacá.

Amaya, ‘Pedro Pechuga’ y Hernando Sánchez

La aparición del nombre de Amaya en las grabaciones no surge en el vacío.

Después del asesinato de Juan Sebastián Aguilar, en agosto de 2024, diferentes medios comenzaron a reconstruir las conexiones políticas del empresario.

Aguilar había desarrollado actividades empresariales en el sector esmeraldero y de seguridad y mantenía contactos con dirigentes nacionales y regionales.

Sandra Ortiz aseguró posteriormente que Aguilar se reunía con políticos, congresistas, magistrados, gobernadores y candidatos presidenciales. Registros oficiales mostraron además que ingresó en varias oportunidades a la Casa de Nariño durante el gobierno de Gustavo Petro.

Otro elemento conecta directamente este círculo con la Gobernación de Boyacá.

En abril de 2024, Carlos Amaya, Sandra Ortiz y funcionarios del sector minero viajaron al occidente de Boyacá para reunirse con comunidades y trabajadores de la minería.

La presencia de Juan Sebastián Aguilar en ese contexto generó posteriormente preguntas sobre el helicóptero utilizado durante el desplazamiento.

Ortiz explicó después que la aeronave había sido alquilada por la Gobernación de Boyacá y que en ella viajaban, entre otros, Amaya y un funcionario de la Agencia Nacional de Minería.

Amaya también sostuvo que el helicóptero había sido contratado por la Gobernación y rechazó que hubiera sido proporcionado por Aguilar.

Ese episodio adquirió una dimensión diferente después del asesinato del empresario.

Sandra Ortiz: una relación política que viene de años atrás

La conexión entre Amaya y Sandra Ortiz también es anterior al gobierno de Gustavo Petro.

Ambos construyeron buena parte de sus carreras políticas dentro de la Alianza Verde en Boyacá.

En 2021, incluso, figuraron simultáneamente entre los precandidatos presidenciales de esa colectividad.

Un reporte de El Diario de Boyacá sostiene que Amaya y el exgobernador Jorge Eduardo Londoño ayudaron a Ortiz a conseguir votos para ser elegida representante a la Cámara en 2014. Con el paso de los años, sin embargo, las corrientes políticas de Amaya y Ortiz se distanciaron y llegaron a competir por el mismo electorado regional.

El Tiempo describió posteriormente a Amaya y Ortiz como dos de los principales electores de la Alianza Verde en Boyacá y recordó que sus relaciones políticas atravesaron etapas de alianza y confrontación.

Pero hay otro elemento que convirtió a Ortiz en una figura central de esta historia.

La exconsejera presidencial reconoció ante la Corte Suprema de Justicia que mantuvo una relación sentimental con Juan Sebastián Aguilar, “Pedro Pechuga”.

Los audios divulgados ahora van más lejos.

En ellos, Javier Grajales sostiene que Hernando Sánchez habría impulsado inicialmente el acercamiento de Ortiz y que posteriormente Aguilar inició la relación sentimental con ella. En la conversación, esa operación es descrita como una forma de conseguir acceso e influencia dentro del gobierno nacional.

Se trata, nuevamente, de una versión contenida en una grabación y no de una conclusión judicial.

Ortiz pidió posteriormente derecho a réplica frente a la investigación periodística.

El otro nombre: Esteban Santos

Existe además otro vínculo que ayuda a comprender la complejidad del poder esmeraldero contemporáneo de Boyacá: Esteban Santos, hijo menor del expresidente Juan Manuel Santos.

Su caso es diferente al de Aguilar y Sánchez.

Esteban Santos desarrolla una actividad empresarial formal dentro de uno de los mayores grupos del sector.

El Tiempo informó en 2024 que Santos asumió responsabilidades de alto nivel dentro del fondo propietario de Compañías Muzo Colombia, con la misión de liderar su crecimiento en América Latina y supervisar inversiones en la región.

El Espectador también señaló que Compañías Muzo opera en Muzo y Quípama y que Esteban Santos ocupa una posición directiva dentro del grupo de inversiones propietario de esas compañías.

Esto no significa que Santos esté relacionado con las acusaciones contenidas en los audios sobre el supuesto robo de $170.000 millones.

No existe evidencia pública que lo vincule con esos hechos.

Pero su trayectoria resulta relevante porque Carlos Amaya mantiene desde hace años una relación pública con la familia Santos.

Ya en 2015, El Tiempo describía al entonces gobernador electo como un dirigente cercano a Juan Manuel Santos y a su familia.

En 2018, Caracol Radio informó que Esteban y Martín Santos estaban previstos entre los invitados a la boda de Carlos Amaya y Daniela Assis, después de que el entonces presidente Santos cancelara su asistencia por obligaciones de gobierno.

Y en octubre de 2024 Amaya y Esteban Santos coincidieron nuevamente en el Festival de las Ideas celebrado en Villa de Leyva.

Mientras Amaya participó en un panel sobre gobernabilidad regional, Esteban Santos intervino en el módulo dedicado al liderazgo empresarial. Compañías Muzo participó además en el encuentro con una exposición relacionada con las esmeraldas.

La coincidencia no demuestra por sí sola la existencia de negocios conjuntos entre Amaya y Santos.

Lo que sí muestra es cómo las élites políticas nacionales, las autoridades regionales y los principales actores empresariales del sector esmeraldero se encuentran frecuentemente en los mismos espacios políticos, económicos y sociales de Boyacá.

Una frontera históricamente difusa

La relación entre las esmeraldas y el poder político no comenzó con Carlos Amaya.

Durante décadas, el occidente de Boyacá estuvo marcado por figuras como Víctor Carranza y por violentas disputas conocidas como las “guerras verdes”.

Aunque la estructura empresarial del sector ha cambiado y una parte importante de las minas está actualmente controlada por compañías de capital internacional, la capacidad económica y social de la industria continúa convirtiéndola en un actor decisivo dentro del departamento.

El asesinato de “Pedro Pechuga” el 7 de agosto de 2024 y el de Hernando Sánchez el 6 de abril de 2025 demostraron que la violencia alrededor de algunos actores de ese mundo tampoco ha desaparecido.

Ahora las grabaciones conocidas en 2026 abren una pregunta adicional: ¿hasta dónde llegaban las relaciones políticas de esos empresarios?

La respuesta todavía está en construcción.

Lo comprobado hasta ahora permite establecer varios niveles diferentes de relación.

Carlos Amaya compartió durante años espacios políticos con Sandra Ortiz; Ortiz reconoció haber mantenido una relación sentimental con “Pedro Pechuga”; antiguos socios de Aguilar y Sánchez aseguran en grabaciones que ambos eran cercanos a Amaya; y Esteban Santos, integrante de una familia con la que Amaya mantiene relaciones públicas desde hace años, ocupa actualmente un papel importante dentro de uno de los mayores conglomerados empresariales del negocio esmeraldero.

Esos hechos no prueban que Carlos Amaya haya participado en el supuesto robo de $170.000 millones, ni en los asesinatos de Aguilar y Sánchez.

Pero ayudan a dibujar un mapa más amplio: el de una región donde las esmeraldas no son únicamente una riqueza mineral.

También constituyen desde hace décadas una fuente de poder económico capaz de cruzarse, una y otra vez, con las redes políticas de Boyacá y con algunos de los nombres más influyentes de Colombia.

By Unidad Investigativa

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